La revancha de The Mission en Lima

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26. Mai. 2012, 15:14

Banda británica se presentó en nuestro país ante cerca de mil personas.
Pareciera ser que el invierno no solo devolvió a Lima su color habitual sino que además trajo consigo aquella devoción por la nostalgia, cuya expresión más evidente es el fervor que se cultiva, desde hace algunas generaciones, por la música de los 80. Siendo más precisos, por las melodías fabricadas en Inglaterra, aquella meca de la música moderna que alentó los primeros pasos de la new wave, el postpunk, el britpop o el gothic rock.
Quizá no lo entendíamos bien, pero allí estábamos. Cerca de mil acólitos de dicha nostalgia dispuestos a celebrar, un miércoles 23 de mayo, el advenimiento de una de las mejores bandas de gothic rock del planeta: The Mission UK. Digo, no lo entendíamos bien porque esto ya no se trataba solo de un afán retromusical, de un aprecio por dicho sonido o la subcultura creada a su alrededor: al interior del Centro de Convenciones Scencia se percibía la pasión que esta música produjo en los jóvenes de aquellos años y en la generación que llegó inmediatamente después. Lado a lado se cruzaba el gótico con maquillaje y el abogado que acababa de salir del trabajo; la maga dark y el adolescente que sufrió el contagio del hermano mayor.
Tras la sesión espiritista de los locales Lima 13, uno de los grupos más interesantes de la primera generación de bandas dark en nuestro país, sobrevino desde el escenario el humo que se tradujo en neblina y una sonata sinfónica que profetizaba el regreso de otros tiempos. Con envidiable puntualidad inglesa, los de Liverpool aparecieron en el escenario y perpetraron el primer rasguño de la noche con la potente “Beyond the pale”, perteneciente a su tercer disco de estudio “Children” (1988). La portada de aquel album proyectada en una pantalla como fondo de escenario era la confirmación que Wayne Hussey, Craig Adams y Simon Hinkler volvían por lo suyo, en un viaje sin concesiones, cuya única divisa sería celebrar sus 25 años de formación recreando aquel sonido, intenso y siniestro, de sus primeras grabaciones.
“Hands Across the Ocean”, del album Grains of Sand (1990), fue el segundo acto de la banda que ya mostraba el brío y contundencia de aquella etapa primigenia, donde también surgieron canciones como “Serpent kiss” o “Naked and savage”. Los que estuvieron hace diez años en la teórica primera presentación de The Mission en Lima tenían aún apuntado un imaginado regreso suyo como una deuda por saldar. Otros más fieles, y por tanto más trágicos, tenían la espina clavada puesto que una borrachera descomunal de Craig Adams, compañero de Hussey en la también legendaria agrupación The Sisters of Mercy, provocó algunos desajustes dentro de la banda y lo único que aterrizó en Lima fue Hussey y sus guitarras.
Uno de los momentos más álgidos del recital se produjo cuando se escucharon los primeros acordes de “Severina”, el hit por excelencia de los The Mission que fue publicado junto a otras canciones memorables como “Wasteland” o “Garden of Delight” en su primer album titulado God’s Own Medicine (1986). El público no escatimó la voz para corear la canción sin saber que luego caería envuelto en las sedas de “Butterfly on a Wheel”, tal vez el manifiesto sentimental más sentido de esta formación original. Si bien canciones como “Wasteland” o “Deliverance” revelan la base principalmente rockera de The Mission, más cercanos a Iggy and the Stooges que a Joy Division, el halo sombrío y por momentos melancólico de sus melodías está directamente relacionado con la novela negra de Lovecraft o Poe, y con el movimiento surrealista del cual tomaron algunas ideas para las excelentes portadas de sus discos.
Hussey tenía razón cuando la noche anterior conversábamos sobre la melancolía. Para él, The Mission está muy lejos de poseer tal influjo y muy por el contrario, reafirman el amor, la belleza o el deseo en sus letras. Entendí que la melancolía venía de nosotros, de nuestra ciudad gris, de aquel periodo de catástrofe económica, incertidumbre social y terrorismo: la música de The Mission y otras bandas se convirtió en el soundtrack ideal para aquellos momentos de angustia existencial.
Tras el primer encore, Wayne regresó al escenario para rasguear en su guitarra las notas de “Like a child again”, aunque esta vez fue precavido y pidió, con buen humor inglés, que no le arrojaran cosas por la cabeza como sucedió hace diez años. Luego de esta canción vendría el infaltable tributo al eterno Neil Young con “Like a Hurricane” y en el clímax de la emotividad, los The Mission cerrarían la ceremonia con la bella “Tower of Strength”, entonada con fervor por el público presente.
Aquí estuvieron ellos, el tridente británico resguardado por el eficiente baterista Mike Kelly, celebrando sus 25 años con el ímpetu y pasión de sus inicios. Esta nostálgica ciudad sin sol se los agradecerá siempre.

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