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  • Trabajo antropología a través de la música: Bob Dylan

    28. Nov. 2011, 19:18

    1- Biografia

    Bob Dylan nacido como Robert Allen Zimmerman, es un músico, cantante y poeta estadounidense. Ha sido, durante cinco décadas, una de las mayores figuras en la música popular, siendo considerado uno de los compositores y músicos más influyentes y prolíficos del siglo XX.
    Muchos de los más célebres trabajos de Dylan datan de la década de 1960, en la cual se convirtió en un cronista informal de los conflictos estadounidenses. Aunque es bien conocido por revolucionar el concepto de los límites de la música popular en 1965 con el single "Like a Rolling Stone" de seis minutos de duración, algunas de sus primeras canciones, como "Blowin' in the Wind" y "The Times They Are a-Changin'", se convirtieron en himnos antibélicos y de los movimientos civiles de la época. Uno de los últimos álbumes de estudio de Dylan, Modern Times, publicado en 2006, entró directamente en el primer puesto de la lista Billboard 200 y fue nombrado álbum del año por la revista musical Rolling Stone..
    Las primeras letras de Dylan abordaban temas sociales y filosóficos y delataban una fuerte influencia literaria, desafiando la música pop convencional existente y apelando generalmente a la contracultura de aquel tiempo. Mientras expandía y personalizaba estilos musicales, mostraba una firme devoción por muchas tradiciones de la música americana, desde el folk, el country, el blues, el gospel, el rock and roll y el rockabilly hasta la música folk inglesa, escocesa e irlandesa, pasando por el jazz y el swing.
    Dylan interpreta mediante guitarra, teclado y armónica. Respaldado por una cambiante alineación de músicos, ha permanecido de gira de forma constante desde finales de la década de 1980, en lo que ha venido a conocerse como el Never Ending Tour (la gira interminable). Sus logros en el estudio de grabación y como artista han sido una de las señas de identidad de su carrera, aunque generalmente se considera que su mayor contribución consiste en la composición y escritura de canciones.
    A lo largo de su carrera, Dylan ha sido reconocido y honrado por sus composiciones, interpretaciones y grabaciones. Sus discos le han valido varios Grammys, Globos de Oro y premios de la Academia, y su nombre se halla en el Salón de la Fama del Rock and Roll, el Salón de la Fama de Compositores de Nashville y el Salón de la Fama de los Compositores. En enero de 1990, fue investido Caballero de la Orden de las Artes y las Letras por el Ministro de Cultura de Francia Jack Lang. En 1999, fue incluido en la lista de las cien personas más influyentes del siglo XX elaborada por la revista Time. En el año 2000, ganó el Premio de Música Polar de la Real Academia Sueca de Música, y en 2004 alcanzó el segundo puesto en la lista de los 100 mejores artistas de todos los tiempos elaborada por la revista Rolling Stone, después de The Beatles. El 13 de junio de 2007 fue premiado con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes, y en 2008 recibió un reconocimiento honorario del Premio Pulitzer por su "profundo impacto en la música popular y en la cultura americana, marcado por sus composiciones líricas de extraordinario poder poético". En este contexto, desde 1996 diversos autores y académicos han nominado a Dylan para la candidatura del Premio Nobel de Literatura.

    Contexto histórico. Años 60.

    -En el primer lustro del decenio de 1960, el régimen implantado en Cuba por Fidel Castro y el Che Guevara, entre otros, orientó la política de su país hacia la URSS, de la cual paso a ser un incondicional aliado en detrimento de los intereses geoestratégicos de EE UU. La situación tuvo su punto más dramático en la "Crisis de los misiles de 1962" que llevó a la humanidad a estar más cerca que nunca de una tercera guerra mundial, pero que pudo evitarse gracias a la voluntad de Nikita Jrushchov y John F. Kennedy.
    -Este decenio trajo consigo el inicio de la guerra de Vietnam, cuyas consecuencias socioculturales directas aún se sienten actualmente.
    -La "carrera espacial" dio como vencedor a los EEUU, que lograron colocar al primer ser humano sobre la superficie lunar en 1969. Esto se logró en gran medida gracias al impulso dado por el presidente John F. Kennedy, quien había sido asesinado en 1963 en oscuras circunstancias que sumieron al pueblo estadounidense en la más profunda crisis de identidad que ha conocido hasta ahora.
    -Puede considerarse la década de las ideologías. En Europa la juventud se alza en lo que posteriormente se conoció como el "Mayo Francés". Los movimientos sociales adquieren cada vez mayor importancia en América Latina, particularmente en Chile, donde en 1970 un gobierno socialista llegaría al poder por la vía democrática.

    A continuación analizaremos las canciones más populares de Bob Dylan relacionadas con hechos relevantes de la época.

    Blowin’ in the Wind (1963)
    Se trata de una canción protesta, es decir, una canción con fuerte contenido reivindicativo la cual se caracteriza por su compromiso político y social.
    Se trata de uno de los himnos pacifistas de la década de los 60. Fue utilizada como un himno en oposición a la Guerra de Vietnam
    Contiene una serie de preguntas retóricas sobre la paz, la guerra y la libertad, sin embargo no hace referencia a ningún evento específico.
    Gracias al enfoque de esperanza con que trata estos temas, trascendentales y atemporales, la canción conserva su vigencia en la actualidad.
    Reconocimientos.
    En 1999 fue introducida en el Grammy Hall of Fame y en 2004 la revista Rolling Stone la consideró la decimocuarta mejor canción de todos los tiempos.

    Masters of War (1963)

    El año en el que la canción está compuesta puede sugerir mucho: la Guerra de Vietnam, Nixon, Lyndon Johnson, las marchas por la paz, el asesinato de Kennedy…

    Finalmente a lo que más se acerca la canción es, según Dylan, al discurso de Eisenhower sobre los peligros del complejo industrial-militar en este país. En su momento no confirmó de qué trataba exactamente la canción diciendo comentarios ambiguos como "Sólo tengo veintiún años y sé que ha habido demasiadas guerras".

    With God on Our Side (1963)
    En la letra se ve la idea los humanos de que Dios o algún otro poder más alto estará siempre con ellos y se opondrá a los que se enfrente, por lo que al tener a este poder de su lado no se preguntan la moral de las guerras ni de las atrocidades cometidas por su país. Dylan menciona varias guerras y acontecimientos de Estados Unidos e historicos, inclusyendo la matanza de indios americanos en Estados Unidos en el siglo XIX, la guerra entre España y los Estados Unidos, la Guerra Civil Estadounidense, las dos guerras mundiales, el Holocausto, la Guerra Fría, y la traición de Jesucristo por Judas Iscariote.

    The Times They Are a-Changin' (1964)
    Apareció por primera vez en el álbum del mismo nombre The Times They Are A-Changin'.
    Se trata de una canción protesta, a menudo es vista como un reflejo de la brecha generacional y de la división política propia de la cultura americana en 1960. Dylan, sin embargo, contradijo esta interpretación en 1964, diciendo: "Esas fueron las únicas palabras que pude encontrar para separar la vida de la muerte. No tiene nada que ver con la época." Un año más tarde, Dylan diría: "No puedo decir que los adultos no entienden a los jóvenes como se puede decir que los peces grandes no entienden a los peces pequeños. The Times They are a-Changin' no es una declaración ... Es un sentimiento".
    En nuestros días la canción tiene un tono que si bien mantiene la misma fuerza y el mismo espíritu activista, debido tal vez a que los conflictos armados y las injusticias socio-económicas se tecnifican cada vez más a lo largo y ancho del mundo pero no se acaban, la canción tiene ahora más bien un mensaje algo ciberapocalíptico, en el sentido de que no hay aún ningún signo suficientemente evidente de que los tiempos estén cambiando para que seamos más humanos.
    Reconocimientos.
    En 2004, esta canción fue # 59 en la Lista de Rolling Stone de las 500 mejores canciones de todos los tiempos.

    Like a Rolling Stone (1965)

    Su letra reivindicativa proviene de un poema que Dylan escribió en junio de 1965, cuando regresó extenuado de una gira agotadora por Inglaterra.
    Like a Rolling Stone transformó la carrera de Dylan y todavía se la considera una de las composiciones más influyentes en la música popular de la posguerra.

    A diferencia de los éxitos de las listas de aquel entonces, la letra de «Like a Rolling Stone» no es acerca del amor, sino que expresa resentimiento y un clamor de venganza.
    La persona a quien se dirige la canción, Miss Lonely («Señorita solitaria»), había tenido una vida fácil, había asistido a las mejores escuelas y tenía amigos de alto nivel social, pero ahora que su situación se vuelve difícil, no tiene experiencias significativas en las que pueda basar su carácter. Pese a la hostilidad, la canción también muestra compasión por Miss Lonely, como así alegría en la libertad que conlleva haber perdido todo.

    Reconocimientos.

    Más de cuarenta años desde su lanzamiento, Like a Rolling Stone sigue siendo considerada en las encuestas de críticos y otros compositores.
    Like a Rolling Stone se encuentra en el puesto número uno en la Lista de Rolling Stone de las 500 mejores canciones de todos los tiempos.

    Hurricane (1976)
    El nombre de la misma proviene del apodo del boxeador de los pesos medios Rubin Carter. Bob Dylan se inspiró para escribirla tras leer la autobiografía del propio Rubin Carter ("The Sixteenth Round") que este le había enviado por su "compromiso en la Lucha por los Derechos Civiles de los Afroamericanos".
    Rubin Carter y otro hombre llamado John Artis habían sido acusados de un triple asesinato ocurrido en el Lafayette Grill, Paterson, Nueva Jersey en 1966. Tras un proceso con una amplia cobertura periodística, y con acusaciones de haber sido un asesinato con tintes racistas, ambos fueron condenados a cuatro cadenas perpetuas. Pero en los años posteriores comenzaron a surgir numerosas controversias sobre el caso, relativas a la falta de evidencias y a lo cuestionable de la veracidad de las declaraciones de algunos de los testigos. En su autobiografía, Rubin Carter mantenía su inocencia, y su historia llevó a Bob Dylan a visitarle en la prisión de Rahway State en Nueva Jersey.
    Tras conocer a Rubin Carter y a alguno de sus seguidores, Bob Dylan comenzó a escribir "Hurricane", desarrollando la canción con un marcado estilo cinematográfico.
    La canción se convirtió en una de las pocas canciones protesta de Bob Dylan durante la década de los 70.
    Reconocimientos.
    Se trata de uno de los singles de mayor éxito durante ese periodo al alcanzar el puesto 31 del Billboard.

    Things Have Changed (2000)

    Canción compuesta para la película ‘’Jóvenes Prodigiosos’’.

    Un maduro Bob Dylan canta sobre la generación del nuevo milenio, muy diferente a la que había cuando empezó su carrera musical. Pero principalmente habla sobre cómo ha cambiado a lo largo de los años empezando como un cronista de los acontecimientos de su época hasta llegar a lo que es en la actualidad.

    Reconocimientos.

    "Things Have Changed" ganó el Óscar a la Mejor Canción Original, así como el Globo de Oro en la misma categoría


    Por Rubén Pozas Ramos

    Fuentes:
    -Wikipedia
    -Goddylan.com
  • Led Zeppelin o la culminación del rock.

    28. Nov. 2011, 19:12

    Hubo un tiempo en el que Led Zeppelin reinó sobre la faz del rock del planeta entero como la banda que llevó dicho generó a su cumbre máxima. Una época en la que la banda de Londres no tuvo parangón; no fue superada ni eclipsada por movimiento musical alguno. Un tiempo en el que el resto de propuestas musicales, por penetrantes, interesantes, vanguardistas y prometedoras que fueran, no tuvieron la capacidad de llegar a los altos vuelos del cuarteto inglés. Esa época sigue vigente. Led Zeppelin es insuperable.
    La razón de ello se encuentra en que el grupo llevó el rock a su culminación dialéctica: superó todos los avatares de este tipo de música de masas, fundiéndolos en una propuesta abigarrada, ensimismada y dinámica que generó un poliedro sonoro cuyas ramificaciones han hecho saltar las aceras de la ciudad entera del rock durante las cuatro décadas que median entre el inicio formal de la actividad de la banda y el tiempo actual.

    En Led Zeppelin se llega al punto de parada de todo lo que les precede y les es contemporáneo y comienza, a partir de ahí, el giro autogenerado que se lanza al futuro con el insumo transformado en un producto saliente mutado e inédito, a la vez innovador y sedimentado, que habrá de encontrarse con sus propios presupuestos ante un entorno que su misma acción ha modificado. Es decir, nos encontramos ante un bucle evolutivo. En palabras simples, con los creadores de “Achilles Last Stand”, el rock encuentra su propio espesor. Por más que la crítica tradicional ha visto en Led Zeppelin el acabado del blues, el folk, el heavy metal primitivo, el sicodélico e incluso de la música de cámara barroca, todo eso mezclado no da como resultado la música de la banda. Son sólo elementos de una fusión colosal cuya mayor importancia y radicalidad yace en el ensamblado de un núcleo creativo y performativo conformado por un reducido conjunto de genialidades (Page, Jones, Plant y Bonham) que sólo el azar juntó para producir un caudal sonoro autónomo, original y no replicable. Núcleo creativo que rebasó a sus integrantes en tanto que individualidades subjetivas. El “genio” (viejo caballo de batalla de la crítica de arte del Romanticismo) no depende de la personalidad, sino de la manera en que ésta comunica. La psique no comunica, sólo la comunicación lo hace (Luhmann).

    En el tiempo en que eran jóvenes, borrachos, heroinómanos, salvajes y absolutamente geniales, integrantes de una sinergia artística que incluso ellos mismos no alcanzaron a dimensionar del todo en su momento, vio la luz el video (promocionado como película) The Song Remains the Same. Eran principios de los imposibles setenta. Época del cenit del capitalismo. Momento en que después del mediodía sólo comienza la tarde con la inminencia del ocaso. Esto fue válido para el sistema y para el grupo. En tanto, los esplendores de una época ya ida produjeron momentos culminantes que han quedado plasmados en la memoria individual y social de las colectividades posteriores. Uno de ellos es la banda sonora del video, grabada en vivo durante una serie de tres presentaciones en el Madison Square Garden de la Ciudad de Nueva York (el 27, 28 y 29 de julio de 1973), núcleo radioactivo de la forma de vida del capitalismo tardío en su pico setentero más alto. Cuando los Estados Unidos y Led Zeppelin reinaban en la Tierra. Cada uno ha sufrido sus propias mutaciones y polimorfías, pero una cosa es cierta: ambos han prevalecido y prevalecerán durante mucho tiempo más como vectores de sentido, guía y empuje de sus respectivos sistemas funcionales: el sistema-mundo y el de la música masiva.
    No intentaré aquí forzar una analogía o una implicación que considero a todas luces falsa entre la música de la banda y el sistema económico global capitalista. Mi convicción teórica (a diferencia de Fredric Jameson y a consecuencia de Niklas Luhmann) es que las manifestaciones estéticas poseen el suficiente grado de independencia vital para liberarse del sistema-mundo que las vio nacer o incluso las propició (propiciar no es determinar). Éste sirve sólo de referencia temporal, de encuadre epocal, y nada más.
    Una pregunta que viene a la mente al ver una audiencia de hace más de tres décadas frente a Led Zeppelin en un atestado Madison Square Garden es: ¿sabía esa multitud ante lo que estaba? ¿Tenían los asistentes plena conciencia de la magnitud del grupo, de la música y de la relevancia de lo que presenciaban? Es posible que sólo un pequeño porcentaje de los asistentes lo tuviera más o menos claro. No sólo porque como bien sabemos los asiduos a los conciertos, la mayoría de las personas sólo va a estos para echar desmadre, emborracharse, drogarse y buscar sexo fácil, sino por una razón mucho más fundamental: no poseían la distancia epocal que produce la resonancia estética de una propuesta como la de la banda.
    Si partimos de la premisa de que en medio de los excesos propios del entorno del sistema del rock, en el que en este caso se incluye primordialmente a los excesos de la década de los setenta, los integrantes mismos de Led Zeppelin no pudieron tener la suficiente distancia crítica para comprender la magnitud de su propia obra, cuantimenos las masas que los siguieron a lo largo y ancho del mundo. Integrantes y fanáticos de la banda sencillamente no poseían lo que desde Hegel sabemos que da pleno sentido a los acontecimientos históricos: la distancia del horizonte hermenéutico. En las elocuentes y pintorescas palabras de Dave Grohl: «They were never critically acclaimed in their day, because they were too experimental and they were too fringe. In 1968 and ’69, there were some freaky shit going on, but Zeppelin were the freakiest».[2]
    En la edición definitiva de The Song Remains the Same, que incluye las piezas que por décadas faltaron (“Black Dog”, “Over the Hills and Far Away”, “Misty Mountain Hop”, “Since I’ve been loving you”, “The Ocean” y “Heartbreaker”), el escucha está ante la presencia de una malla fluyente de espacios, cadencias, horizontes y expansiones sonoros que conforman el núcleo sine qua non de la agrupación. La conformación de paisajes mentales (Maruyama) por medio de la complejización del sentido con base en vibraciones: la creación del espacio-tiempo de la música.
    Poco más se puede decir en específico de cada una de las piezas que conforman la colección en directo que no se haya dicho con anterioridad por otros. La mayoría son parte ya del acervo estético colectivo mundial de las últimas tres décadas. En cambio, es pertinente subrayar el acabado global sinergético de la grabación.
    Al tener el concierto como siempre debió haber sido (en su momento, razones de presupuesto y producción lo hicieron inviable: hubiera sido una caja de cuatro o cinco viniles, en lugar de la de dos acetatos que conocimos los que nos acercamos a los cuarenta), es posible apreciar el flujo de una música que sintetizó y amplificó todas y cada una de las posibilidades del rock. El vaivén de la densidad altisonante al remanso armónico progresivo; la elevación de octavas de la incesante y puntual guitarra de Jimmy Page (usando ya bien su patentada guitarra doble, ya la tradicional del rockabilly, o la acústica, o rasgando la primera con un arco a la manera de un violín) que rebota contundente en la voz alta, profunda, sensual y agresiva de Robert Plant. En los fundamentos de la estructura sonora, John Paul Jones genera el prodigio del bajeo ejecutado en más de una ocasión como si de un instrumento de seis y no de cuatro cuerdas se tratara, en tanto que John Bonham vive y revive su leyenda: antes y después de su muerte toxicológica será referente indispensable de todo aquel que quiera ponerse al mando del instrumento que da sentido a la totalidad del rock.
    Es imposible no percibir la retoma de todo el rock en un concierto tocado a toda máquina y en plenitud de facultades. Del inicio de la fusión entre artista-mercado-industria en los tiempos de Elvis Presley al exabrupto pretendidamente contestatario de la movida peace and love contemporánea al inicio de Led Zeppelin. Pero, sobre todo, está ese irredento, pertinaz, irrefrenable, sentido de la fuerza y la dinámica que permea la música del grupo y que sin lugar a dudas los atrae sin muchos rodeos a la esfera de lo que hoy conocemos como metal pesado. Aunque, claro está, la banda es eso y mucho más, como ya he afirmado. Todo ello ejecutado en vivo bajo una estructura de improvisación progresiva que sustentó al estilo de la banda durante toda su existencia con base en el bucle: orden → desorden → desorden ordenado → orden, marcando así su sello y su destino como el grupo de rock con las más geniales adendas en directo que se hayan escuchado jamás.
    Afirma Mikal Gilmore que «Led Zeppelin were playing for new ears, and three and a half decades later, their music still plays the same way. Those sounds rushed through us and ahead of us, into territory that seemed to have no ending» y « That music changed things far more than anybody ever expected, or might have wanted, even those who made the music». Sin duda esto es verdad. ¿Por qué? Permítaseme arriesgar lo siguiente: si el límite de la música rock está delineado hoy en día tanto por The Mars Volta como por Tool (como creo que es el caso), entonces, el lindero del sistema del rock depende de la música de Led Zeppelin. Quiero decir: si el máximo nivel alcanzado por el rock en nuestros días es The Mars Volta y Tool (y considero que así es), dado que dichas agrupaciones dependen estrictamente de las estructuras y acabados zeppelianos para existir, entonces, el cuarteto londinense marca el límite posible de todo cuanto en el rock de valía se produce. Que como conjunto de hombres performativamente activos haya dejado de existir hace treinta años, sólo subraya lo que ya se ha colegido de todo lo dicho hasta aquí: el arte es un sistema ensimismado, autónomo e independiente, incluso respecto de sus propios hacedores. En tanto tal, genera vectores significativos (de acabado, estructura, ejecución, simbolismo, etcétera) que se materializan en otras propuestas, productos, variantes. Tal es la función de lo que en términos comunes se conoce como la “influencia” de ésta o aquella propuesta artística.

    Incluso planteamientos tan contestatarios y recalcitrantes como el heavy metal underground encuentran su pilar en lo hecho por la legendaria banda británica. Por más que a muchos de sus ejecutantes no les guste y que vean en Led Zeppelin a un respetable pero ajeno y lejano grupo de música “psicodélica”, el umbral que posibilitó la entrada e irrupción de tan venerada y aclamada subcorriente del rock a los escenarios mundiales no sólo fue abierto, sino construido casi en su totalidad por el propio zepelín (digo casi porque sin duda ahí estuvieron además Black Sabbath, Deep Purple y King Crimson). En esto fue de gran importancia también la veta salvaje, inter construida en la totalidad de sus creaciones, e irredentamente imbuida en sus ejecuciones en vivo, con su pléyade de improvisaciones “by hunch” que llevaban (junto con el consumo de drogas) a niveles extáticos a sus multitudinarias audiencias, ya que mostró el camino de la apertura de arquetipos indomables que las bandas subterráneas se encargaron de exacerbar hasta llegar a la conclusión paradójica de ello con la segunda alineación de Mayhem a principios de los noventa.[3]
    Al momento en que Led Zeppelin volvió la experimentación la norma, mezclada con el filo de la dinamización de arquetipos dormidos, liberados con base en el poder mesmerizante de su música, cimentaron un vector extremadamente fértil que otras bandas contemporáneas suyas no poseyeron por más que los igualaran o incluso superaran en lo que a la arquitectura musical se refiere, como fue el caso del Genesis original y, sobre todo, de Pink Floyd.
    Led Zeppelin consumó el rock. Con ellos, llegó a su último desenvolvimiento dialéctico. Estéticamente improbables, materializaron todo cuanto era dable materializar en dicho género musical. Después de ellos, ha habido bifurcaciones, matices, jaloneos y exasperaciones de diversa importancia y valía; algunas de ellas han sido verdaderas vetas preciosas e insospechadas. Pero ninguna ha superado lo que, por definición, es insuperable: la culminación del sistema del rock sella también los límites de sus posibilidades de ser. Fuera de estos, o bien se deshace o bien se transforma. Para rebasar a Led Zeppelin, entonces, habría que rebasar al rock mismo.*

    *El presente ensayo fue publicado en Replicante nº 20 (verano del 2009) como una reseña-ensayo sobre la edición definitiva de The Song Remains the Same.
  • Como en una canción de The Clash.

    26. Aug. 2011, 11:58

    No deja de ser paradójico: el Gobierno británico había elegido hace unos días London Calling como canción oficial para la campaña publicitaria de los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Nada tenía que ver ese himno del punk rock con la pompa del mayor evento deportivo (y comercial) del mundo. Hoy, las imágenes de la capital británica ardiendo copan las portadas de los periódicos y las imágenes de televisión. Como zafándose de una camisa de fuerza, la canción ha cobrado por sí misma todo su significado original en la calle, donde la rabia y el desencanto social se han transformado en violencia y disturbios.

    Seguramente, muchos de los jóvenes encapuchados que saquean y asaltan comercios en Londres y otras ciudades del país no hayan escuchado nunca a The Clash, aunque es difícil imaginar que no hayan recibido alguna resonancia de London Calling, uno de los discos más mentados por los músicos de toda condición y que aparece periódicamente en las listas de "lo mejor de...". Y con todo, de alguna manera, es como si los textos de Joe Strummer cobrasen vida más de 30 años después de que London Calling encumbrase a The Clash no solo como un grupo con un radar musical deslumbrante, sino también como un referente ideológico. Si los Sex Pistols eran provocación por encima de todo, Strummer, Mick Jones y compañía dieron al punk madurez y conciencia social. Su aparente nihilismo conocía el peso de la realidad y de la historia, sus letras buscaban la acción en una sociedad británica sumida en la depresión económica.

    "Londres llamando a los pueblos lejanos / ahora que se ha declarado la guerra, / y la batalla se acerca / Londres llamando al infierno / salid del armario, chicos y chicas". Con sus guitarrazos cortantes, así arranca la letra de London Calling, que muchos en Internet han querido hacer ya el himno oficial de estas protestas. De aquel doble álbum, casi todas las composiciones encajan por su indignación con estas revueltas británicas. Hateful, Guns of Brixton, Death or Glory o Train in vain son el sonido del desencanto rabioso. Y, a decir verdad, el paisaje de 1979 se parece mucho al del 2011.

    Aunque se tiende a decir que el punk británico, con los Pistols y The Clash a la cabeza, nació como respuesta al conservadurismo de Margaret Thatcher, conviene recordar que el brutal Never Mind the Bollocks, Here's the Sex Pistols salió en 1977 y los Clash ya llevaban tres trabajos a sus espaldas (con canciones tan polémicas y escandalosas para el pensamiento de bien como White Riot o Tommy Gun) antes de que la Dama de hierro llegase al poder en mayo de 1979. Como hoy, una buena parte de la sociedad se hallaba fuertemente golpeada por la crisis económica dentro de un ambiente de marginación y discriminación.

    El punk de The Clash era fruto del llamado Invierno del descontento. Con la resaca mundial que dejó la crisis del petróleo de 1973, el primer ministro británico, el laborista James Callaghan, tuvo que dimitir en 1979 cuando el país llevaba años cayendo en picado y se encontraba para entonces en una parálisis permanente entre huelgas generales y un desempleo e inflación descontrolados. Antes, como ahora, el laborismo no supo dar respuesta a la depresión económica y los conservadores llegaron al 10 de Downing Street con un programa de recortes sociales. La tensión ciudadana aumentó hasta saltar la chispa de la revuelta. Fue Thatcher, como ahora Cameron, quien no ofreció garantías, sino que pidió más sacrificios a millones de personas en una situación penosa. La violencia callejera y racial en los barrios más pobres se sucedió en varios episodios en los primeros ochenta como hoy brotan en distintos puntos de Reino Unido. Tanto Thatcher como Cameron, tal vez, dinamitaron el factor psicológico de esos insurgentes urbanos a los que cantaban con urgencia y sin cortapisas los Clash, y que ellos mismos representaban en su condición de forajidos del rock.

    "Estoy perdido en el supermercado / Ya no puedo comprar feliz / vine buscando una oferta / una atención garantizada / yo no nací, yo me caí / nadie se fijaba en mí". Cuando una canción como Lost in the supermarket se refiere a cómo pudo ser la infancia de Mick Jones en el marginado barrio de Brixton, tal vez se puede hallar en ella semejanzas a la realidad de ahora en esas mismas calles. La crítica al consumismo que guarda esta composición parece haber explotado en un sarcasmo del destino mientras el mundo entero contempla cómo las turbas, lejos de buscar una transformación social o cambio de las reglas del juego político-social, se llevan televisores, electrodomésticos, teléfonos móviles o ropa. Es vandalismo puro y duro que alguno asociara a las ideas de anarquismo y antiimperialismo promulgadas por The Clash.

    Posiblemente, The Clash y lo que representaba su música nunca se han ido. London Calling se cierra con Train in vain, la canción de un tren en vano que representa el sentimiento de pérdida y de abandono. Tal vez es uno de los sentimientos que mueven a la revuelta actual. Aun cuando The Clash nada haya influido en los protagonistas de estos disturbios, que andarán escuchando electrónica o rap, seguramente, si Joe Strummer levantase la cabeza, tendría una buena razón para coger una guitarra y, sin pararse a pensar en los Juegos Olímpicos, componer una nueva canción.

    Fuente: El País.